Reencontrarte a vos misma/o: ¿Quien sos cuando nadie te dice quien deberias ser?

Durante tanto tiempo fuiste lo que el o ella queria. La esposa perfecta que no se queja. La hija obediente que nunca contradice. La empleada que siempre dice “si”. La mujer que se viste como a el le gusta, que habla como a el no le molesta, que se rie de sus chistes aunque no le den gracia.

Funcionaste asi tanto tiempo que una parte de vos dejo de existir. No murio — solo se escondio. En un rinconcito adentro tuyo, esperando. Y ahora que estas del otro lado — que el ruido bajo, que la voz de el ya no esta — sentis un silencio que asusta. Porque no sabes quien sos en ese silencio.

Cuatro preguntas para empezar

Agarrá un cuaderno. O una nota en el telefono. O cerra los ojos y pensalas en silencio.

Pregunta 1: ¿Que te gustaba hacer antes de esa relacion? Antes de que alguien te dijera que tus gustos eran “una perdida de tiempo”. Capaz era dibujar, bailar, cocinar para tus amigas, escuchar una banda que ya nadie escucha. Volve a hacerlo. Una vez. Para ver si todavia te gusta.

Pregunta 2: ¿Que quisiste hacer siempre y nunca te animaste? Ese curso de ceramica, ese viaje sola, ese libro que queres escribir. No hace falta que lo hagas hoy. Pero anotalo. Ponele fecha. Algun dia lo vas a hacer.

Pregunta 3: ¿Quien eras a los diez años? Antes de la adolescencia, de las comparaciones, de “calladita te ves mas bonita”. ¿Quien eras? Capaz eras la que trepaba arboles, la que inventaba historias, la que hacia preguntas incomodas. Esa nena de diez años sigue ahi. Y probablemente sabe cosas que vos olvidaste.

Pregunta 4: ¿Cual es UNA cosa que queres hacer esta semana solo para vos? Un cafe en un lugar nuevo, una hora de silencio en un parque. Algo chiquito. Para vos. Hacelo. Y presta atencion a como se siente. Eso — ese “esto es para mi” — es el principio de vos.

Como canto Mercedes Sosa: “Cambia, todo cambia.” Y vos — que pasaste por el fuego y saliste del otro lado — tambien estas cambiando.

Lo que descubris cuando empezas a elegir

Al principio es incomodo. Elegir. Porque durante años alguien eligio por vos — que comer, a donde ir, con quien hablar, como vestirte. Que musica escuchar. Que opinion tener. Y ahora que podes elegir — no sabes. Frente al menu de un restaurante, frente al ropero un sabado cualquiera, frente a la pregunta “¿que queres hacer hoy?” — te quedas en blanco.

Es normal. Elegir es un musculo que se atrofia cuando no se usa. Y el tuyo estuvo inmovilizado mucho tiempo. La buena noticia: como cualquier musculo — se ejercita. Empeza con decisiones minusculas. Que desayunar. Que pelicula ver. Camino largo o camino corto para volver a casa. Cada vez que elegis — aunque sea algo insignificante — estas diciendole a tu cerebro: “Yo decido. Yo existo. Yo estoy aca.”

Un dia te vas a despertar y vas a notar que no pediste perdon por nada. Que elegiste un color que a vos te gusta, no que “le queda bien.” Que dijiste que no a algo que no querias hacer — y no se acabo el mundo. Ese dia, la que se escondio para sobrevivir va a asomar la cabeza. Y vas a reconocerla. Porque siempre fue vos.

No estas volviendo a ser la de antes. Estas convirtiendote en alguien nuevo. Alguien que sabe cosas que la anterior no sabia. Alguien que sobrevivio. Alguien que — por fin — esta aprendiendo a ser libre.

Hoy aprendiste: que elegir es un musculo y que el tuyo necesita ejercitarse. Que la nena de diez años que fuiste sigue ahi — y sabe mas de vos que todas las voces que te dijeron quien ser. Que cada pequeña decision es un acto de libertad.

Lee tambien: → S7: Fe sin culpa · → P7: Tu mapa de recuperacion


No perdiste quien eras. Solo te escondiste para sobrevivir. Y ahora que sobreviviste — es hora de salir.